Biografia del libertador Simon Bolívar, ó La independencia de la América del sud / Reseña histórico-biográfica

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[Ilustracion: SIMON BOLÍVAR]

BIBLIOTECA DE LA JUVENTUD

* * * * *

BIOGRAFIA

DEL LIBERTADOR
SIMON BOLÍVAR

ó

LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA DEL SUD

RESEÑA HISTÓRICO-BIOGRÁFICA

POR L. C.

PARIS

LIBRERIA DE ROSA Y BOURET
23, CALLE VISCOSTI, 23

* * * * *

1868

El general Bolívar es delgado, y algo menos de una regular estatura.
Viste bien, y tiene un modo de andar y presentarse franco y militar. Es
ginete muy fuerte y atrevido, y capaz de resistir grandes fatigas. Sus
maneras son buenas y su aire sin afectacion, pero que no predispone
mucho á su favor. Se dice que en su juventud fué de buena figura; pero
actualmente es de rostro pálido, pelo negro con canas, ojos negros y
penetrantes; pero generalmente inclinados á tierra ó de lado cuando
habla; nariz bien formada, frente alta y ancha y barba afilada; la
expresion de su semblante es cautelosa, triste….

* * * * *

Su carácter, viciado por la adulacion, es arrogante y caprichoso…. Su
imaginacion y su persona son de una actividad maravillosa…. Su voz es
gruesa y áspera; pero habla elocuentemente en casi todas materias….

* * * * *

(Retrato hecho por el general SUCRE.)

PROLOGO

Ardua empresa es la de escribir la biografia de los hombres célebres
contemporáneos. En todo tiempo, aquel que por sus méritos ha llegado á
colocarse sobre el nivel de las gentes, siempre se ha visto atacado por
la mordacidad de sus émulos y por muchos á quienes sus actos no podian
menos de herir, ora en sus intereses, ora en sus familias. ¿Que
resolucion se ha llevado á cabo sin lastimar intereses creados, sin
sembrar la devastacion y la muerte por todas partes?

Por mas que el hombre de que vamos á ocuparnos haya derramado en su
camino la sangre de sus hermanos, no por eso dejará de ser el
Libertador de un pueblo que gemia bajo el yugo de la opresion.

En la obra de la independencia de su pais que desde los primeros años
del presente siglo fué iniciada, por el espíritu mismo de la época, en
aquellas espléndidas regiones, el nombre de Bolívar fué conocido ya
entre sus compatriotas; y desde el momento en que se le vé aparecer
afiliado á la santa causa de la libertad, por su mérito personal es
honrado con el alto cargo de los intereses de Venezuela cerca de los
poderosos gobiernos de las naciones europeas.

Aun cuando no se hallase adornado de otro alguno, bastarian su
constancia, su amor sin limites ni resfriamiento por la libertad de su
pais; bastarian su génio infatigable para administrar y allegar medios
de sostener la lucha con gloria, su noble desinterés, su probidad y su
grandeza de ánimo durante los reveses de que fué víctima; bastaria, en
fin, su sana intencion, su respeto hácia el descubridor del Nuevo Mundo
y 16 años de no interrumpidos servicios prestados por su patria, que al
cabo habia de ultrajarle menospreciando sus servicios y la rectitud de
sus sentimientos, para que nuestra pluma no vacilase un solo punto en
distinguirle con el glorioso título de héroe, añadido á los que el
mismo pueblo venezolano, y á nombre de él sus representantes, le dieron,
sin duda con justicia, de Libertador y Padre de la Patria.

¿El espíritu público podia llegar á estraviarse hasta el extremo de
honrarle de una manera indebida, precisamente en los momentos en que las
exigencias de la guerra, que siempre va acompañada del desórden y el
dolor, venian á destrozar los intereses, el bienestar y aun el corazon
de los mismos que asi le aclamaban? Esta y otras consideraciones no
menos poderosos nos han dado valor para acometer la empresa de ofrecer
el retrato del célebre guerrero americano; pero como el mejor medio
indudablemente es el de pedir prestados los colores á los
acontecimientos mismos en que figuró desde su juventud, ofrecemos un
bosquejo de los mas principales en la larga lucha que los Sud-americanos
sostuvieron para conquistar su independencia.

Si nuestro pincel no ha sido empleado con acierto, no se culpe jamás á
nuestro buen deseo.

EL AUTOR.

CAPITULO PRIMERO

Introduccion.—Causas que influyeron en la sublevacion de la América del
Sud.—Llegada de unos confinados á presidio.—Primeros movimientos
revolucionarios de Venezuela.—Picton.—Publicidad de los futuros
acontecimientos.—Carbonell y Rico.—Medidas represivas.—Expatriaciones
y encarcelamientos.—Vasconcelos.—Actos con que se inauguraba en el
mando.—Sus efectos.—Gestiones patrióticas.—Miranda.—Bolívar, su
juventud, su regreso á Europa.

Entre las nobles y dignas figuras que en el glorioso cuadro de la
independencia se destacan majestuosamente durante la revolucion que
dió la libertad á las antiguas colonias españolas de la América Central
y de la América del Sud, la del esforzado caraqueño Simon Bolívar se
encuentra en primera línea al lado de las de Miranda, San Martin y Sucre,
orlada de inmortal auréola.

El ejemplo de los Estados-Unidos del Norte influyó de una manera
extraordinaria en el porvenir de los pueblos Sud-americanos, que desde
muy atrás venian experimentando la tiránica opresion de los vireyes
españoles, y el eco del santo grito de emancipacion dado por Washington
en las márgenes del Potomac, poderoso á despertar el entusiasmo patrio,
resonó en las del Magdalena, el Orinoco y el Plata, conmoviendo tambien
el corazon de los Andes.

Corria el año 1796, cuando en el puerto de la Guaira, remitidos desde
España, desembarcaron Manuel Cortés Campomanes, José Laz, Sebastian
Andrés y Juan Bautista Picornell con destino á los presidios de América,
como cabezas de cierta conspiracion, cuyo fin era dar á la monarquia
española una forma democrática despues de derribar el trono de Cárlos
IV, rey incapaz de alcanzarse por sus actos el buen nombre con que su
antecesor habla bajado al sepulcro.

Iniciados estos hombres, como la mayor parte de los españoles ilustrados
de su tiempo, en las doctrinas propaladas por la revolucion francesa, se
anunciaron desde luego con el carácter de mártires de la causa
republicana, dando pábulo por medio de sus sencillos y fáciles
principios políticos al entusiasmo liberal que habia principiado á
germinarse en el ánimo fogoso de la juventud.

Conspirábase ya en favor de las nuevas ideas, cuando Sir Tomás Picton,
gobernador inglés de la isla de la Trinidad, recibió un despacho en el
cual su gobierno le encargaba favoreciese la causa de la independencia
americana; pues por aquel entonces, rotas las buenas relaciones entre
España é Inglaterra, ésta buscaba todos los medios hábiles de hacer la
guerra á aquella, y el mencionado despacho, impreso de órden de Picton,
circuló con gran rapidez entre todos los venezolanos.

Esta determinacion del gobernador inglés tenia lugar el 26 de Junio, y
cerca un año mas tarde, el 4 de igual mes de 1797, los conspiradores
resolvian dar libertad á los encarcelados para que fuesen á buscar
auxilios extranjeros, y facilitaban la evasion de todos ellos menos Laz,
que habia sido ya remitido á su presidio hacia algun tiempo, sin que
este hecho diese lugar por parte del gobierno á otra cosa que á algunas
pobres é infructuosas averiguaciones.

La gestion de aquellos hombres decididos en contra del gobierno que los
habia expatriado, poniendo entre ellos y su suelo natural la inmensidad
de los mares, fué bastante activa y produjo algunos buenos resultados,
disponiendo favorablemente los ánimos de los americanos residentes en
Europa á la causa de las libertades patrias.

Casi todos los habitantes de la Guaira sabian que por el mes de Enero de
1798 un grande acontecimiento tendria lugar en el pais, y hablaban de
sus planes con poca reserva y sobrado calor.

Era por entonces capitan general Don Pedro Carbonell, en cuyas manos
vino la casualidad á poner el hilo de la trama, ó mas bien que la
casualidad la poca discrecion de un comerciante de Carácas, llamado Don
Manuel Montesinos y Rico, quien deseoso de hacer prosélitos se franqueó
á su barbero, mancebo timorato y de pocas luces. Este, despues de haber
descubierto el secreto á otros jóvenes de su clase, y previo acuerdo de
todos, fué á consultar el caso con un sacerdote amigo suyo llamado Don
Domingo Lander. Por boca de este y de otro clérigo llegó á oidos del
provisor, quien lo notició al capitan general.

Preso Rico y ocupados sus papeles, ofreció Carbonell á los conjurados el
perdon y olvido de su delito, siempre que se presentasen en cierto
término ante su autoridad. Semejante medida produjo grande alarma entre
todos los iniciados, despertando en sus ánimos el temor de verse
denunciados unos á otros, y corrieron de tropel á ponerse en manos de
las autoridades, con la inocente credulidad de hombres novicios en el
arte de conspirar.

Pronto las cárceles se vieron atestadas de venezolanos honrados y
laboriosos. Aun no habia corrido un mes desde la denuncia, cuando ya se
oficiaba á la Córte de España diciéndole: “que á excepcion de dos, que
habian buscado amparo en las colonias extranjeras, los demás cómplices
se hallaban presos.” Don Manuel Grial, capitan retirado y Don José Maria
España eran los referidos prófugos.

Pero en vez de perdonar y olvidar, conforme á la promesa, en Agosto del
mismo año ordenaba la Audiencia que los detenidos fuesen desterrados á
perpetuidad y trasladados unos á la metrópoli y otros á Puerto-Rico.

Algunos meses despues, el capitan general era reemplazado por Don Manuel
de Guevara Vasconcelos, quien haciendo un uso inhumano de las ámplias
facultades de que iba investido, condenó á ser ahorcados y
descuartizados á seis de los principales conspiradores. Este inicuo é
injusto proceder exacerbó al pueblo venezolano, tanto mas cuanto que los
promovedores de la conspiracion, Sebastian Andrés y José Laz, á pesar de
su mayor delito por esta circunstancia y la de ser reincidentes no
merecieron otra pena que la de reclusion en las provincias de Panamá y
Puerto-Cabello.

Asi inauguraba Guevara su entrada en el mando y la del año 1799, en cuyo
mes de Abril fué apresado Don José Maria España, á quien su mala
estrella trajo desde la Trinidad á la Guaira en busca de su esposa; la
tierna solicitud de esta no bastó á tenerle bien oculto ni defendido
contra las pesquisas de los agentes del gobierno. El 8 de Marzo, esto
es, á los nueve dias de su captura, sufrió el desgraciado la pena de
horca y su cabeza, dentro de una jaula de hierro, estuvo expuesta al
público en la Guaira, mientras sus mutilados miembros fueron
distribuidos entre varios pueblos y fijados en escarpias al borde de
los caminos.

Pero semejantes medidas de terror solo servian para enconar mas y mas
los ánimos y excitar el ódio y general descontento de un pueblo digno de
mejor suerte, tratado con tan cruel manera, como el mas abyecto de
los esclavos.

Asi cerraban los desaciertos de España el siglo XVIII, contribuyendo no
poco de este modo á acelerar la emancipacion de Venezuela y la de todas
las otras colonias, cuyos clamores, llevados á Europa por algunos de sus
mas decididos patriotas, solicitaban de Francia é Inglaterra los
necesarios socorros para emprender la obra santa de su independencia y
tratar de sacudir para siempre el pesado, el ominoso yugo ejercido alli
desde hacia tres siglos por los españoles con menoscabo, injusticia y
fragrante impunidad de los sagrados derechos naturales de aquellos que
llevaban su sangre, de aquellos cuyo sudor y afanes no eran aun
bastantes á alimentar su insaciable codicia.

Entre los celosos gestores de la mas noble de las causas figuraban el
peruano Don José Caro, el granadino Don Antonio Nariño y, con sus vastas
relaciones y gran nombre europeo, el caraqueño Don Francisco Miranda.
Llenos todos tres de ardiente patriotismo, todos tres animados del
mejor deseo, ponian en juego cuantos medios estaban á su mano para
concertar en el antiguo continente la manera de cambiar la faz política
de su pais, dándole un gobierno independiente y republicano que guiase
los pueblos á la prosperidad y adelantos que el movimiento general de la
época y la riqueza de la América reclamaban.

Tal era la situacion de Venezuela al perderse en la inmensidad de los
tiempos el siglo último, siglo que, al engendrar un Napoleon y un
Washington, hizo participe de una chispa de su génio revolucionario al
hombre que mas tarde habia de merecer el glorioso nombre de Libertador
de su pais
, y cuyos altos hechos vendrian á inmortalizar el cincel, el
bronce y la pluma. Simon Bolívar pisaba los umbrales de la vida en la
ciudad de Carácas el dia 24 de Julio de 1783. Nacia adornado de los
talentos y dotes necesarias para consumar la obra de la independencia
del Sud de América, y á ser el reparador de la injusticia que los
hombres de otro tiempo habian inferido al intrépido y sábio descubridor
del Nuevo Mundo, intentando, con la mas noble elevacion del espiritu al
mismo tiempo que exponia su vida en los campos de batalla, perpetuar el
recuerdo de Colon en la Confederacion que se esforzó en constituir bajo
el título de Colombia.

Este probo, inteligente, noble, infatigable y decidido patriota, tuvo la
desgracia de perder sus padres en la mas tierna edad. Estos fueron Juan
Vicente y Maria de la Concepcion Palacios. Su afecto filial, falto de
objetos tan queridos, rebosaba en su pecho y le consagró lodo entero á
su patria, única madre que el cielo le habia conservado y por la cual
mas tarde sacrificaba gustoso su sangre y su fortuna.

Diez años contaba apenas cuando pasó á Europa con la mira de completar
su educacion y perfeccionarse en la carrera de las armas, hácia la cual
le llamaba su natural inclinacion, sobreescitada por el mas ardiente
amor de gloria. ¿Qué otra aspiracion mas digna y santa podia acariciar
un corazon huérfano y un corazon sensible como el suyo?

Despues de haber viajado por Francia é Italia, donde las ideas liberales
y de progreso prestaron á las suyas el calor y solidez que mas tarde
habian de producir la independencia de su pais natal, y á poco de haber
buscado entro los brazos de una esposa en la córte de España el amor de
la familia, se trasladó á Venezuela. Aqui, trascurridos pocos meses, la
compañera que habia elegido pasó á mejor vida, dejándole de nuevo en la
antigua soledad y lleno de tristeza.

Entonces, por segunda vez, se encaminó hácia el Continente Europeo y
presenció la coronacion de Napoleon I, de cuyo génio militar y político
era apasionado admirador, y cuatro años despues vibraba en sus oidos el
grito de independencia ó muerte dado por los españoles al lanzarse al
campo para estorbar por medio de las armas el poderoso vuelo de las
águilas invasoras.

CAPITULO II

Aparente restablecimiento del órden.—Tentativas de Miranda.—Don Juan
Casas.—Su situacion comprometida.—Los emisarios de Mural.—Actitud
tomada por el pueblo venezolano.—La junta auxiliar.—Gestiones del
Ayuntamiento.—Creacion de una junta suprema.—Bolívar y Emparan.—
Aborto de conspiracion.—Confirmacion de los rumores acerca de los
sucesos de España.—Primer paso hácia la revolucion.—Destitucion de
Emparan.—Declaraciones del Ayuntamiento de Carácas.—Destierro de las
antiguas autoridades españolas.—Pronunciamientos.—Los emisarios en la
provincia de Coro.—Primera salida á campaña.—Mision de Bolívar en
Europa.—Don Antonio Cortabarria.—Actos de la junta de Carácas.—Conato
de levantamiento.—Prisiones y asesinatos.—Rómpense las
hostilidades.—Vuelta de Miranda.—Conflicto de la Junta.—Demostracion
popular.—Nombramiento de Miranda.

Volvamos á anudar el hilo de los acontecimientos de Venezuela.

Ahogada en la apariencia la revolucion, fermentó sordamente durante los
primeros años del siglo actual entre la juventud venezolana. Las
familias que tuvieron la desgracia de perder alguno de sus miembros, y
aquellas que habian sufrido y sufrian aun las consecuencias del primer
paso dado hácia el templo de la libertad, aleccionadas por la
experiencia, se agitaban con cautela en favor de la santa causa y
esperaban el momento oportuno de poder obrar con mayor acierto, con
nueva decision y energia.

Despues de mil y mil contrariedades, el 25 de Marzo de 1806 se
presentaba Miranda en la Costa Firme, á vista de Ocumare, con una
corbeta y dos goletas, únicos auxilios que pudo conseguir de la América
del Norte. Sus fuerzas de desembarco se componian de unos 200 jóvenes
que se le unieron un Haiti. Atacado de improviso por dos bergantines,
despues de una vigorosa pero inútil pelea, con pérdida de las goletas,
se retiró á Trinidad, donde impetró el auxilio de los ingleses y muy
particularmente el de Cochrane, almirante de la escuadra que estacionaba
entonces en las islas de Barlovento.

De alli á cuatro meses guiaba quince diferentes buques con 500 hombres,
y habiendo puesto en fuga á los enemigos que defendian la costa, penetró
vencedor en la Vela de Coro el segundo dia de Agosto; pero no
encontrando alli la acogida y proteccion que esperaba, renunció á su
expedicion y regresó á Trinidad, pasando luego á Europa desde esta isla.
Diez de los suyos, hechos prisioneros en el combate, fueron pasados por
las armas en Puerto-Cabello y varios otros confinados á los presidios.

Este fué el último de los actos del mando de Vasconcelos.

Los acontecimientos de España en 1808 pusieron al capitan general
sucesor, Don Juan Casas, en la mas crítica situacion. Los comisionados
mandados alli por Murat que le exigian obediencia al nuevo monarca, y la
presencia de un buque de guerra inglés en las costas, le envolvieron en
una inmensa perplejidad. Por otra parte, la imprudente lectura que un
oficial francés hizo en público de la Gaceta de Bayona produjo un
motin entre los oficiales criollos y españoles, que dieron el grito de
“¡Viva Fernando VII y mueran los franceses!” Además, la actitud del
pueblo le impidió decidir por si solo en tan árduas circunstancias, y
acordó reunir una junta auxiliar compuesta de un miembro por cada
tribunal, corporacion y clases de la sociedad.

La junta, presidida por Casas, se hizo cargo de los despachos de Murat y
de los que el gobierno británico habia enviado por medio de Colincour y
de Cochrane, y optó decididamente por la conservacion del estado de
cosas sin alteracion de ninguna especie. Esta medida, como era natural,
mantuvo y sobreescitó la general inquietud, ocasionando motines y
alborotos que el capitan general tuvo que castigar con mano fuerte.

El ayuntamiento le instaba á que constituyese una junta como las de la
metrópoli, algunos dias antes de la llegada de un comisionado mandado
por la junta de Sevilla. El 28 de Julio Casas accedió á las instancias
del ayuntamiento, y el 5 de Agosto se presentaba en Carácas el
mencionado agente.

Constituida la junta, no sin que antes hubiesen mediado contestaciones
entre el cabildo y el capitan general que exigió de este obediencia
ciega, subsistió hasta el 13 de Enero de 1809, en que fué reconocida la
soberania de la central, instalada en Aranjuez por Setiembre del
año anterior.

Declarados como parte esencial é integrante de la monarquia española sus
dominios ultramarinos, el valiente, antiguo y distinguido capitan de la
marina real Don Vicente de Emparan fué nombrado, en reemplazo de Casas,
como capitan general de Venezuela.

Bolívar acompañó en su viaje al nuevo representante militar de España,
pues como buen patriota no podia vivir lejos del suelo que le habia
visto nacer y cuya precaria suerte tantas veces aceleraba los latidos de
su noble y esforzado corazon. La idea de poder dar á su pais dias de
dicha y prosperidad, abriéndole la senda de su futura independencia, en
mas de una ocasion habia venido á interrumpir su sueño y á mecer sus
halagüeñas esperanzas de gloria. El 17 de Mayo Emparan y Bolívar pisaban
la Costa Firme. Las primeras disposiciones del nuevo capitan general
fueron tan violentas y desacertadas, que todos, sin excepcion alguna,
asi españoles como criollos, con ánimo de no separar la colonia de la
madre patria, formaron el plan de derrocar su poder y de constituir en
seguida un gobierno análogo al de aquella.

Espiraba el mes de Marzo de 1810, y segun estaba convenido, el marqués
del Toro, coronel del batallon miliciano de los valles de Aragua, debia
señalar la entrada del de Abril apoderándose por sorpresa del capitan
general, quien noticioso del proyecto, merced á un vil denunciador, dió
un golpe de mano á los conspiradores.

Contra lo que podia esperarse, y en desacuerdo con sus primeros actos
de gobierno, se limitó Emparan á confinar en Maracaibo, Margarita y
otros puntos de la provincia á los principales autores del
abortado plan.

Vagos rumores se esparcieron por este tiempo acerca de la disolucion de
la Junta central y de la dispersion de sus miembros, rumores que fueron
confirmados el 18 de Abril, dia de Miércoles Santo, de una manera muy
ámplia, pues además se supo que toda la Península, menos Cádiz y la Isla
de Leon, estaba ya ocupada por los franceses; lo cual hizo cundir la
inquietud con la rapidez del rayo entre todas las clases del pueblo, y
hasta los mismos españoles manifestaban temores, sobresaltos y
desconfianza del gobierno.

La ocasion se presentaba muy propicia para hacer renacer en los criollos
las pasadas pretensiones, y conjurándose nuevamente, atrajeron á su
partido á los principales jefes y oficiales de las tropas que guarnecian
la ciudad; y hasta el cabildo, que estaba compuesto de españoles y
americanos casi por partes iguales, se prestó á provocar una discusion
con el capitan general.

El dia siguiente, con motivo de la asistencia á la celebracion de los
oficios de Jueves Santo, el ayuntamiento, fiel á su promesa, pasó una
invitacion á Emparan, quien se presentó en la casa capitular y encontró
al cuerpo municipal constituido en sesion extraordinaria, arrogándose
agenas facultades y tratando del peligro que corria la América, de la
política que debia adoptarse en aquellas circunstancias y de la
perentoria necesidad de organizar un gobierno propio que la pusiera á
cubierto de la anarquia.

Emparan, despues de haber eludido hábilmente las consideraciones y
dificultades que el ayuntamiento le presentaba, concluyó declarando:
“que seria inconvenientísima toda innovacion,” y salió de alli
dirigiéndose luego hácia la iglesia metropolitana. Pero los
conspiradores le siguen, le interceptan el paso, y uno de ellos, llamado
Francisco Sálias, auxiliado del populacho, le obliga á volver á la casa
capitular sin que los cuerpos de guardia que encuentran al paso opongan
la menor resistencia, sino que, antes por el contrario, manifiestan su
actitud amenazadora negando á su jefe los honores de ordenanza.

Emparan tuvo que asentir á la idea de formar una Junta suprema; pero
habiendo tenido los capitulares la debilidad de acceder por su parte á
que este siguiera ocupando al frente de ella el cargo de Presidente, un
doctor y canónigo de la catedral de Carácas, el Señor Don José Cortés
Madariaga, que se anunció en el ayuntamiento como diputado del clero y
del pueblo, en un interesante y elocuente discurso pidió la deposicion
del capitan general.

En tan críticas circunstancias, Emparan, presentándose en el balcon á la
muchedumbre que cercaba la casa capitular, apeló á su voto; pero esta,
siguiendo á los conjurados, gritó: ¡Afuera! ¡Afuera! No le
queremos.—Ni yo tampoco quiero el mando
, dijo él despechado, si bien
tratando de disimular su enojo y bochorno. Tomóse acta de estas palabras
y se consideraron alli mismo como una renuncia voluntaria.

El ayuntamiento, auxiliado por varios particulares llamados á su seno en
calidad de diputados de las diferentes corporaciones y clases de la
sociedad, declaró: “Que las provincias de Venezuela procederian á
constituir un gobierno encargado de ejercer la soberania á nombre y en
representacion de Fernando VII
,” neto por medio del cual desconoció la
autoridad de la regencia, y luego expulsó de su territorio las
autoridades principales que hasta alli habian representado á la nacion
española, aboliendo al propio tiempo el odioso tributo de los indios y
la Inútil de esclavos.

Una vez desterrado el capitan general, el mando superior de las armas
fué conferido á un sugeto de gran instruccion y valor personal; este era
el coronel Fernando Toro, hermano del marqués de este nombre, que habia
sido educado en España.

Pronto las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Varinas y asi
sucesivamente las demás, menos las de Coro y Maracaibo que se declararon
fieles á la regencia, enviaron sus diputados á la junta, reconociendo
asi el nuevo gobierno de Venezuela. Y si bien es cierto que á poco la
Guayana se retractó de su primer acuerdo mandando presos á la metrópoli,
á la Habana y Puerto-Rico á los adictos al nuevo órden de cosas, por
otra parte, el reconocimiento hecho por Mérida del gobierno establecido
en la capital, separándose de Maracaibo con noble entusiasmo, compensó
en parte semejante defeccion.

La Junta envió á Coro y Maracaibo algunos comisionados para tratar con
las autoridades españolas, y estas los recibieron como traidores, y como
á tales los remitieron sin vacilar un momento á las prisiones de
Puerto-Rico. En vista de semejante atropello, ordenó la Junta que el
marqués del Toro partiese al frente de alguna tropa contra la provincia
de Coro; y dicho señor, cumpliendo con lo dispuesto por aquella, situó
por lo pronto su cuartel general en Carora.

Mientras estos sucesos tenian lugar, el coronel Simon Bolívar, investido
de los poderes necesarios por la Junta y acompañado de Luis Lopez
Mendez, se dirigia á Inglaterra para solicitar la proteccion de su
gobierno contra el enemigo comun, en el caso de que este intentara
apoderarse de Venezuela, y al propio tiempo impetrar su mediacion con el
de España para que no se turbase la paz y buena armonia que hasta alli
habian existido entre los habitantes de ambos hemisferios.

Aunque Bolívar fué bien recibido por el marqués Wellesley, ministro de
Negocios Extranjeros de la Gran-Bretaña, solo obtuvo contestaciones
evasivas á causa de la alianza que por aquel tiempo tenian hecha las dos
naciones. Cumplida esta mision, nuestro héroe se hizo á la vela de
regreso para su pais nativo en compañia del general Miranda.

Las Córtes generales y extraordinarias de la nacion española, instaladas
el 24 de Setiembre en la Isla de Leon, dieron omnimoda facultades al
ministro del Supremo Consejo de España é Indias Don Antonio Cortabarria
para que, auxiliado por algunos buques de guerra, las tropas de
Puerto-Rico, Cuba y Cartagena, interviniese en los asuntos de las
colonias; pero con la prevencion de no apelar á la fuerza de las armas
sino en el caso extremo de que los medios de persuasion fuesen de todo
punto estériles. Para esto debia obrar de acuerdo con el gobernador de
Maracaibo, Don Fernando Miyares, á quien el mismo Cortabarria llevaba el
nombramiento de capitan general de Venezuela.

La junta de Carácas se negó en un principio á reconocer y prestar
obediencia á las Córtes generales; pero luego, accediendo á la opinion
de sus miembros mas respetables, quiso dar una prueba de desinterés
convocando á un Congreso nacional. Hubo por entonces un conato de
sublevacion en sentido de reconocimiento del Consejo de regencia, y
sorprendidos por la Junta, los revoltosos fueron condenados unos á
encierro en las bóvedas de Puerto-Cabello y la Guaira, y otros
desterrados á perpetuidad. Entre estos últimos figuraban los ricos
hermanos peninsulares Don Francisco y Don Manuel Gonzalez y Linares, del
comercio de Carácas.

La noticia de horribles asesinatos perpetrados en Quito en las personas
de varios decididos patriotas, produjo grande indignacion en el pueblo
caraqueño, quien, cercando el palacio de la Junta, pedia la expulsion de
los españoles y canarios; pero la Junta, decretando se hiciesen honores
fúnebres á los desgraciados americanos, logró apaciguar el tumulto; y
para evitar la reproduccion de semejantes escándalos y trastornos, la
noche de aquel mismo dia, que era el 24 de Octubre, apresó y expulsó á
los que suponia promovedores de disturbios. Estos fueron José Maria
Gallegos, José Félix Ribas y tres hermanos suyos.

Treinta y cinco dias despues de este acontecimiento, es decir, el 28 de
Noviembre, el ejército de occidente, al mando de Toro, atacaba á las
tropas de guarnicion en Coro, desalojándolas de un reducto y tomándoles
un cañon; y dos dias despues ponia en fuga á las de Miyares, que le
salió al paso en Sabaneta con 800 hombres entre infantes y caballos,
haciéndole algunos prisioneros y ganando una pieza de campaña. En Carora
dejó de picarles la retaguardia, y despues de guarnecer esta poblacion,
asi como tambien la de Barquisimeto, se retiró á Carácas, donde corria
la noticia de la llegada de Miranda al territorio venezolano.

La Junta que gobernaba en nombre de Fernando VII, creyó que el dar asilo
á tan ardiente republicano seria altamente contradictorio con la
situacion en que se habia colocado, y trató de estorbar el desembarco de
este general, y hasta llegó á brindarle con una dependencia diplomática
á fin de alejarle. Pero el pueblo le tendió su mano protectora,
recibiéndole con las mas singulares muestras de respeto y deferencia.
Entonces el gobierno hizo alarde de entusiasmo y le confirió el título
de teniente general, mandando que se buscasen y destruyesen todos los
documentos que la anterior administracion formuló contra el buen nombre
de tan distinguido militar y patriota.

De este modo terminaba el año 1810, preparándose, merced á
acontecimientos que casi nos atreveremos á calificar de providenciales,
la realizacion de los deseos en que ardia el corazon de los venezolanos.

CAPITULO III

Entrada del año 1811.—Reunion y organizacion de un Congreso.
—Disposiciones adoptadas por esto Cuerpo.—Conspiraciones.—Salida del
general Toro para Valencia.—Nombramiento de Miranda como jefe del
ejército.—Sus actos.—Constitucion de Venezuela.—La capital del
Estado.—Monteverde.—Sucesos de la época y posteriores á la llegada de
este personaje.—Molestar de la causa de Venezuela.—Terremoto.
—Influencia de sus desastres unidos á los de la guerra.—Defeccion de
algunas ciudades.—Suspension de la ley del Estado.—Donativos.—Proyectos
de Miranda.—Elevacion de Bolívar al gobierno de Puerto-Cabello.—Esfuerzos
inútiles.—Escenas sangrientos.—Descrédito de Miranda.—Ofrecimientos
estériles.—Derrota del Dictador.—Bandolerismo.—Inminente peligro de
Bolívar y su viaje á la Guaira.—Proposiciones de armisticio.—
Capitulaciones.—Monteverde se hace dueño del pais.

Inaugurábase el año 1811 con el bloqueo de las provincias venezolanas,
bloqueo que Cortabarria mandaba ejecutar en cumplimiento de un decreto
de la regencia, mientras que la junta, fiel á su convocatoria, llevaba á
cabo la reunion del aplazado Congreso. Conforme á lo dispuesto por ella
debia constar de cuarenta y cuatro diputados.

El 2 de Marzo era el dia señalado para la reunion, la cual debia
verificarse en la capital, donde aquel alto cuerpo quedó instalado,
formando una Cámara, comun é indivisa, compuesta de respetables
patricios enviados por las provincias de Barcelona, Varinas, Carácas,
Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. Entre sus dignos miembros
figuraban el general Miranda, el marqués del Toro, Francisco Javier
Ustáriz, Lino Clemente, Martin Tovar, Juan German Roscio, Antonio
Nicolás Briceño, Francisco Javier Yánes y otros varios.

Despues de haber organizado su servicio; el Congreso nombró tres
individuos encargados de ejercer el poder ejecutivo, y otros tres como
suplentes para los casos necesarios de ausencia ó enfermedad de los
primeros, que fueron los señores Baltasar Padron, jurisconsulto
acreditado; Juan Escalona, oficial de milicias elevado á la clase de
coronel por la Junta Suprema, y Cristóbal Mendoza, que ejercia de
abogado. Además estableció un Consejo Consultor.

Uno de los acuerdos mas importantes del Cuerpo Legislativo fué el de la
sancion de la famosa acta, por la cual se declaraba que las provincias
de Venezuela en él representadas, formarian en lo sucesivo una
Confederacion de Estados libres é independientes, con absoluta
separacion de España. Cada uno de estos podria darse la forma de
gobierno que mas le conviniera, conforme á la voluntad de sus pueblos.

Pronto se hicieron sentir algunos movimientos revolucionarios,
promovidos por los agentes de Cortabarria, que fueron sofocados por las
fuerzas del gobierno, y condenadas á la última pena por sus tribunales
las personas que aparecian como autoras de la rebelion. Pero una
peligrosa sublevacion estalló en Valencia, donde los revoltosos,
desconociendo la autoridad del Congreso, proclamaron la legitimidad de
Fernando VII.

El general Toro voló á reprimirla, logrando en un principio desalojar al
enemigo de sus puestos avanzados, y concluyendo por ser rechazado á su
vez hasta Maracay, desde cuyo punto envió emisarios á Carácas para que
le auxiliaran con tropas de refuerzo. El gobierno entonces nombró á
Miranda general en jefe del ejército; marchó este contra los españoles y
les obligó á capitular, entrando en la ciudad sublevada el 13 de Julio.
Pero por falta de la precaucion necesaria los vencidos, que habian
conservado armas y municiones, saliendo de sus cuarteles cayeron sobre
las tropas de Miranda, llevándolas en precipitada fuga hasta Guaraca.

Despues de un hecho tan poco noble, Miranda, en ánimo de tomar venganza,
allegó nuevas fuerzas y en los dias 12 y 15 de Agosto, reducidos los
españoles al último extremo, se rindieron á discrecion por haberles sido
rechazadas cuantas proposiciones de capitulacion habian presentado. Los
prisioneros fueron condenados á muerte por los tribunales, pena que el
Congreso determinó se conmutara por otras.

Formulada, discutida y sancionada la Constitucion federal de las siete
provincias venezolanas, se publicó el decreto en 21 de Diciembre.
Reconocíase como base el sistema representativo, residiendo la soberania
en el pueblo; dividíase el poder en legislativo, ejecutivo y judicial,
formando cuerpos independientes entre sí; garantizábase el derecho
popular y la inviolabilidad de domicilio; proscribíase para siempre el
uso de la tortura y el fuero personal, y ninguna sentencia pronunciada
por traicion contra el Estado tendria carácter difamatorio para los
hijos del reo; abolíase la trata de negros y los indios eran igualados
á los demás venezolanos en derechos y deberes: desarrollábase la
instruccion pública; extinguíanse los títulos de nobleza hereditarios,
asi como toda calificacion degradante de raza y, por último, quedaba
adoptado el pabellon amarillo, azul y rojo, enarbolado por Miranda
cuando su expedicion de 1806, considerándolo como distintivo de la
federacion.

La ciudad de Valencia fué declarada despues como capital del Estado; y
el Congreso suspendió sus tareas el 15 de Febrero de 1812, aplazando su
próxima reunion para el 1° de Marzo, no sin haber antes de disolverse
ordenado guarnecer la márgen izquierda del Orinoco para colocarse á la
defensiva.

Desde esta fecha hasta la llegada del capitan de fragata Domingo
Monteverde, natural de Canarias y al servicio de España, hubo algunos
encuentros, prósperos unos y adversos otros, entre las tropas federales
mandadas por los coroneles Francisco Gonzalez y Moreno, Manuel Villapol
y Francisco Solá y las españolas; estos combates tuvieron lugar en Santa
Cruz de la Soledad, en las aguas entre el caño de Macareo y el de
Pedernales, en Barrancas, en Lorondo y en Angostura, donde, despues de
un grave descalabro en que Villapol tuvo que fortificarse en Maturin
para salvar su gente, Moreno y Solá desaparecieron, dejando sus soldados
en el mas criminal abandono y á merced del enemigo.

Monteverde llegó á Coro en compañia del brigadier Don Juan Manuel
Cagigal y otros jefes militares, llevando consigo dinero, armas y demás
necesario para hacer la guerra á las provincias sublevadas; y desde este
momento los patriotas, no por falta de valor y decision sino á causa del
menor número, fueron estrechados y acosados con mayor actividad
cada dia.

El 15 de Marzo protegia Monteverde la revolucion que en Liquisique
acaudillaba deslealmente el indio Reyes Vargas, que sin grandes
merecimientos habia recibido el nombramiento de capitan del gobierno de
Venezuela; y á los seis dias de esta defeccion los patriotas, á quien
una grave dolencia privaba de su jefe el comandante Gil, eran derrotados
completamente en Carora.

La causa de la independencia principiaba á perder terreno en Venezuela,
viniendo un sacudimiento momentáneo de la naturaleza á juntarse con los
de la guerra. El 28 de Marzo, dia de Jueves Santo, á las cuatro de la
tarde, un espantoso terremoto destruyó la mayor parte de Carácas,
sepultando millares de habitantes bajo sus minas. Igual desgracia
afligió á la Guaira, Barquisimeto, San Felipe, Mérida y otras
poblaciones, en las que, asi como en la primera, perecieron gran número
de voluntarios al servicio de la Confederacion. No faltaron adeptos al
antiguo régimen que hicieran correr la voz de que semejante natural
suceso era un castigo del cielo, puesto que venia á cumplirse
precisamente en el dia mismo en que dos años antes la revolucion habia
depuesto y desterrado á las autoridades españolas.

Este acontecimiento, unido á los desastres que la guerra hacia sentir á
los pueblos, no dejó de influir en favor de la regencia, cuyas armas,
guiadas por el general Monteverde, se presentaban favorecidas por la
fortuna en todas partes y ocupaban la arruinada ciudad de Barquisimeto
el 7 de Abril. Alli se detuvo su jefe algunos dias desenterrando
pertrechos y armamentos, reclutando gente y dando acogida á algunas
partidas que con sus oficiales desertaron de las filas republicanas. El
dia 25 batia cerca de San Cárlos al coronel Miguel Ustáriz, bajo cuyas
órdenes puso Jalon cerca de 1.400 hombres. En lo mas encarnizado de la
pelea, y cuando el triunfo estaba aun indeciso, el escuadron de Pao se
pasó á los realistas dándoles la victoria. Casi todos los soldados de
Venezuela que habian tomado parte en la accion cayeron en el campo de
batalla; y, con los pocos que se quedaban, Ustáriz se refugió
en Valencia.

Mérida, Trujillo y otras poblaciones de la parte occidental fueron
declarándose por el invasor, que se disponia á proseguir su marcha; y en
tan tristes circunstancias la idea de la dictadura vino á apoderarse del
ánimo de los leales. El poder trató de realizarla delegando todas sus
facultades en el marqués del Toro, quien rehusó esta distincion;
entonces fué puesta la suerte de la santa causa en manos de Miranda;
este no tuvo dificultad en admitir el alto cargo y peligrosa confianza
con el título de Generalísimo, por juzgarlo menos pretencioso y mas
modesto que el de dictador.

La Constitucion, promulgada aun no hacia tres meses, quedó en suspenso
de este modo; y mientras que el jefe absoluto fijaba su cuartel general
en Maracay, y en Varinas se juntaba una fuerza considerable de
caballeria, y salian emisarios en busca de hombres, buques y
subsistencias, Ustáriz, elevado al cargo de gobernador de Valencia, se
veia abandonado de sus tropas y, dejando la plaza en poder de
Monteverde, se retiraba á la Cabrera.

En medio de tantos desastres como sufria la causa de la independencia,
los generosos donativos de muchos extranjeros, amantes del nuevo órden
de cosas y de la libertad de América, vinieron á fortificar un tanto los
abatidos ánimos, que recobraron su antigua esperanza viendo como al
mismo tiempo se organizaba un cuerpo de franceses á las órdenes del
coronel Ducaylá, y cómo algunos alemanes é ingleses de distincion, entre
los cuales figuraban Sir Gregor MacGregor empuñaban las armas en defensa
de Venezuela.

Miranda formó entonces el plan de estrechar á Monteverde: al intento,
despues de haberse asegurado de la custodia de Puerto-Cabello, poniendo
en esta plaza un oficial de toda confianza asi por su aptitud como
por su valor y decision hácia la santa causa de la independencia,
cubrió el punto de los Guayos con un fuerte destacamento que á los pocos
dias, mientras él avanzaba en la línea de las operaciones proyectadas,
fué batido y desbaratado el 8 de Mayo por la deslealtad de algunas
compañias que se pasaron al enemigo. En vista de esto volvió atrás y se
dispuso á fortificar bien la Cabrera, Guayca y Magdalena para poder
hacer frente á los ataques de Monteverde, quien se disponia á atacarle.

El hombre de confianza, el militar experto, el valiente soldado, el
inteligente y decidido patriota que Miranda colocó en el mando de
Puerto-Cabello, aquel que habia merecido este cargo delicado y de cuya
aptitud para el desempeño no podia dudarse un solo instante, no era otro
que el coronel Simon Bolívar, á quien el Generalísimo consideraba como
el oficial mas activo y de mas vasta instruccion de todo su ejército.

A pesar de los esfuerzos de Miranda, de los auxilios que encontraba, de
alguna que otra accion en que el enemigo era rechazado, no por eso
dejaba de agravarse la causa de la independencia, siendo derrotados sus
patriotas hasta en las llanuras de Carácas, en Calabozo y San Juan de
los Morros, donde el jefe español Don Eusebio Antoñanzas pasó á
cuchillo, sin piedad alguna, no solo á los prisioneros sino tambien á
las mujeres y los niños.

La autoridad y prestigio del dictador menguaban de dia en dia,
haciéndose mas frecuentes las decepciones de sus subordinados; por lo
que, para vigorizar su poder, se rodeó en Maracay de algunas personas
notables pertenecientes á los altos cargos del poder ejecutivo, del
Congreso y del gobierno peculiar de Carácas, y de todas formó una
especie de Consejo Consultor que le auxiliaba en los casos graves y
circunstancias apremiantes ó difíciles.

Sin embargo, de nada sirvió que la promulgacion de una ley marcial
llamando á las armas á todos los venezolanos, excepto los ordenados in
sacris
y unos pocos empleados de la administracion civil, y la de un
decreto ofreciendo la libertad á los esclavos que se alistasen por diez
años, prometiendo indemnizar á sus amos en mejores circunstancias, le
diesen una superioridad numérica sobre el enemigo; pues habiendo
perdido el punto de Magdalena y las alturas que dominan á Maracay, el
jefe venezolano se encontraba cortado en sus posiciones, viéndose
forzado á retirarse y pegar fuego á los ricos depósitos de víveres y
municiones que venia formando en aquella poblacion.

Con sus fuerzas, las de Guayca y la Cabrera, se encaminó hácia la
Victoria: pero Monteverde, sabedor de este movimiento, se adelantó hasta
San Mateo y le sorprendió, poniendo en desordenada fuga á sus soldados.
Mientras tanto la capital de la república se encontraba en un estado de
continua alarma, pues los esclavos de Curiepe y otros puntos de la costa
y de los valles orientales, á pretexto de defender los derechos de
Fernando VII, desde el 24 de Junio, en que habian tomado las armas,
andaban cometiendo todo género de desmanes, tropelias y vejaciones con
el mas feroz vandalismo, y Monteverde avanzaba hácia alli, despues de
haber dejado algunas tropas frente á la Victoria.

En el punto que este movimiento del enemigo tenia lugar, una nueva
decepcion ponia á Bolívar en inminente peligro y con él á la república.
El último dia de Junio, el oficial de milicias Francisco Fernandez
Vinoni, con alguna tropa, el presidio y varios reos de Estado,
proclamaba á Fernando VII, enarbolando en el castillo de San Felipe de
Puerto-Cabello una bandera roja, y despues de algunas intimaciones
infructuosas rompia el fuego de su artilleria contra la plaza. En tan
crítica situacion, y fuera de sí con un suceso que tal vez iba á decidir
de la suerte del pais, trató Bolívar sin embargo de sostenerse, y lo
hizo asi durante tres dias; pero al saber que los españoles de Valencia
se dirigian ya hácia alli y que sus puestos avanzados se pasaban al
enemigo, antes de abandonar Puerto-Cabello quiso tentar fortuna y mandó
á su encuentro unos 200 hombres con los coroneles Mirés y Jalon. Estos
fueron derrotados en San Estéban y habiendo quedado prisionero el último
con solo siete soldados regresó el primero al lado de Bolívar.

Con 40 hombres que le quedaban, despues de haber capitulado los
habitantes de Puerto-Cabello temiendo la ruina de la poblacion, el digno
jefe trató de defenderse todavia en las afueras desde el Trincheron:
pero el dia 6 no contando sino 8 oficiales á su servicio, se embarcó con
ellos en Borburata, arribó á la Guaira y comunicó á Miranda desde
Carácas, algunos dias despues, los incidentes de tan lamentable
acontecimiento.

Asi que lo supo el Generalísimo, propuso á Monteverde, que se hallaba en
Valencia, una suspension de hostilidades; pero el general español por
toda respuesta se ofreció á concederle una capitulacion; la cual,
admitida en principio por Miranda, pronto recibió este las condiciones
que, despues de ajustadas, dieron lugar á algunas diferencias. Pero
apremiado por Monteverde las ratificó Miranda el 25 de Julio de aquel
año, el de 1812, quedando la Confederacion, conforme á las
capitulaciones, asi como el armamento y demás objetos militares en
poder del general español bajo garantia de respeto á las personas,
cualesquiera que hubieren sido su conducta y opiniones durante la
revolucion.

Al dia siguiente las tropas españolas penetraban en la Victoria, y tres
mas tarde en Carácas, de donde huyeron algunos patriotas con intencion
de embarcarse en la Guaira, y entre los que asi se precipitaban, poco
seguros del cumplimiento de lo estipulado, figuraba tambien el
desgraciado Generalísimo de la efímera Confederacion venezolana.

CAPITULO IV

Bolívar se embarca para Curazao.—Tirios y Troyanos.—Constitucion de
1812.—Complot de varios jóvenes patriotas.—Marino y Bermudez.—
Atrocidades de Zuazola.—Sus consecuencias.—Sitio de Maturin.—La
revolucion revive.—Bolívar en Cartagena.—Principia á ejecutar sus
planes.—Paso del Zulia.—Asciende á brigadier.—Penetra en Venezuela.—
La guerra á muerte.—Conquistas.—Proclama.—Nuevos triunfos.—Entrada
de Bolívar en Carácas.

Bolívar, cuyo ánimo acostumbrado desde la niñez á los grandes reveses y
cuyo amor por la patria no se abatian en ninguna circunstancia, dominado
en la que tan cruelmente pesaba sobre el pueblo venezolano por la idea
de salvarle y de sacudir un dia el pesado yugo que venia á esclavizarle
de nuevo, trató de conservarse, y merced á la buena amistad del español
Don Francisco Iturbe, que gozaba de gran favor cerca de Monteverde,
obtuvo un salvoconducto y se embarcó en seguida para Curazao.

La terminacion de la campaña trajo la desavenencia entre el capitan
general Miyares y Monteverde, que se negaba á reconocer su autoridad en
los paises por él recuperados para la España, dando por resultado la
destitucion del primero y la elevacion del pacificador á la dignidad
superior de Venezuela. Entonces, alegando que se conspiraba nuevamente,
apresó á muchos distinguidos americanos. Miranda siguió muchos meses en
los calabozos de Puerto-Cabello, de donde fué trasladado á Cádiz y con
destino al arsenal de la Carraca, que andando el tiempo le vió morir el
dia 14 de Mayo de 1816. Juan Pablo Ayala, Madariaga, Mirés y Roscio,
patriotas venerables, fueron tambien remitidos á España y encerrados en
seguida en los presidios de África.

La Constitucion española, jurada en Cádiz por Fernando VII, fué
publicada por Monteverde el 3 de Diciembre y adoptada, cinco dias mas
tarde, por el pueblo y el clero. Pero algunos jóvenes patriotas, llenos
de intrepidez y desesperacion, concibieron el proyecto de sorprender,
desembarcando en la Guaira, el destacamento realista que alli estaba y
cuya fuerza consistia en 300 hombres, la mayor parte güireños. Eligieron
como jefe al rico margariteño Santiago Mariño, quien para el golpe de
mano intentado no contaba sino con el insignificante número de seis
fusiles. Sin embargo, llegada la ocasion de obrar, la guarnicion del
puerto, abandonando á sus jefes, se unió con los venezolanos.

Pronto las fuerzas de Mariño, convenientemente distribuidas entre él,
Bernardo Bermudez y José Francisco, derrotaron las tropas de Cervéris y
ocuparon á Maturin, cuya guarnicion huyó tan luego como Bermudez se
presentó en sus cercanias. Con no menos rapidez, las fuerzas destacadas
por órden del capitan general al mando de Don Antonio Zuazola batieron á
los patriotas, primero en los Magueyes, y el 16 de Marzo de 1813 en
Aragua. Este jefe no solo fusiló á los prisioneros que hizo, sino que
mostró la mayor inhumanidad mandando matar á inofensivas mujeres, á
venerables ancianos y á inocentes niños.

Una parte de los derrotados y otros muchos patriota, irritados en vista
del proceder de Zuazola, se refugiaron en Maturin, donde Piar y Azcúa
mandaban durante la ausencia de Bermudez, y cuyos jefes lograron
desbaratar con solo 500 hombres, en una salida que hicieron de la plaza,
á 1.500 mandados por Don Lorenzo de la Hoz, rechazando despues á fuerzas
mayores todavia, y poniendo al capitan general en el caso de presentarse
en el teatro de la guerra á dirigir por sí mismo las operaciones.

Monteverde, á la vista ya de Maturin con mas de 2.000 hombres, intimó la
rendicion de la plaza en el término de dos horas, so pena, en caso
contrario, de entregarla al furor de sus soldados. La contestacion fué:
Que el pueblo de Maturin estaba resuelto á perecer en defensa de las
libertades patrias
.” Entonces tuvo lugar un sostenido y encarnizado
combate por ambas partes, retirándose al fin los españoles con pérdida
de 500 hombres muertos en el campo de batalla, entre los que habia 27
oficiales, y abandonando Monteverde al enemigo cinco cañones, muchas
armas y pertrechos, su propio equipaje y mas de 6.000 pesos de plata.

Este memorable hecho de armas tenia lugar el 25 de Mayo; y desde esta
fecha la revolucion cobraba nueva vida. Entre tanto el general San
Martin adelantaba tambien en la causa de la independencia en
Buenos-Aires, y todo parecia anunciar dias de bonanza para la América.
El abatido espíritu público volvia á levantarse, saliendo como del
estupor de un terrible sueño á la realidad amable de la vida, cuando el
leal Bolívar, á quien el gobierno de España habia confiscado los bienes,
que eran cuantiosos, con anterioridad á los últimos sucesos referidos,
se presentaba en Cartagena en los primeros dias de Octubre de 1812,
decidido á inmolar su existencia en aras de la patria por su libertad y
engrandecimiento. Venia acompañado de los hermanos Miguel, de Manuel
Cortés Campomanes, de Fernando Carabaño, de José Félix Ribas y de varios
distinguidos oficiales.

El plan que guiaba sus pasos, mirado aun por los menos desconfiados como
irrealizable, era el de dar la libertad á Venezuela con el concurso de
la Nueva-Granada, que hasta cierto punto habia seguido la misma marcha
en su revolucion contra los españoles realistas. En Cartagena obtuvo el
mando de una pequeña fuerza, con la cual subió por las márgenes del
Magdalena, y despues de haber batido varias partidas de las tropas
enemigas en diferentes puntos de aquel rio, desde Ocaña solicitó el
permiso del gobierno de Cartagena para pasar á Cúcuta.

Obtenido el consentimiento, con grande esperanza y entusiasmo emprendia
su obra el valeroso caudillo. Solicitó auxilios del gobierno de
Cundinamarca, que le facilitó 500 hombres, y se puso en marcha con ánimo
de llegar hasta Carácas conforme á su ofrecimiento. El coronel español
Don Ramon Correa podia disponer hasta de unos 4.000 hombres que por
aquella parte guardaban la frontera venezolana. Pero Bolívar, valiéndose
de ingeniosas extratagemas, apoyado por el pueblo y con relaciones de
falsos espias, hizo que el enemigo abandonase algunas fuertes
posiciones, llegando asi á la vista de San José de Cúcuta, donde Correa
habia concentrado mas de 800 hombres.

Al amanecer del 28 de Febrero de 1813 ocupó Simon Bolívar las alturas
sitas al Oeste de San José, para cuya operacion tuvo que atravesar el
caudaloso Zulia con una miserable canoa, y cayendo sobre las tropas
españolas, despues de arrojarlas de sus posiciones, cargándolas á la
bayoneta las derrotó completamente, ocupó su artilleria, fusiles y
cuantos pertrechos tenia Correa dentro de la villa, y retirándose á la
Grita, los valles quedaron libres del todo. El empleo de brigadier, el
título de ciudadano de la Union, y además el mando en jefe de la
division, de Cúcuta, fueron las recompensas otorgadas á Bolívar por tan
señalado triunfo.

Unida su fuerza á la que trajo el coronel Manuel Castillo, jefe militar
de Pamplona, ascendia ya á unos 1.200 hombres bien municionados y
armados. Con 800 destacó al citado coronel para que atacase á Correa,
quien el 13 de Abril se veia forzado á abandonar la angostura de la
Grita, en donde estaba bien atrincherado. Entonces Bolívar se dirigió á
Venezuela con sus exiguas fuerzas, pero con buenos oficiales. Entre
estos iba en clase de mayor general de la expedicion el venezolano
Rafaél Urdaneta, el valiente jóven José Félix Ribas y el comandante
Atanasio Giraldot, asi como tambien el capitan Luciano D’Eluyar. Estos
últimos eran dos bizarros granadinos. En Cúcuta quedaron Joaquin
Ricaurte, segundo jefe del ejército, Francisco de Paula Santander y
algunos otros.

El jefe venezolano fué recibido en Mérida con grandes muestras de
aprecio y entusiasmo el dia primero de Junio. Alli concibió el mas
grande, el mas importante y trascendental de sus pensamientos
revolucionarios. Desde el principio de la guerra eran condenados á
muerte por los españoles cuantos individuos caian en su poder, con las
armas en la mano, mientras que los suramericanos daban cuartel á sus
enemigos. Esta ventajosa circunstancia hacia que los naturales, puestos
en el duro trance de servir, se afiliasen con preferencia en las filas
realistas. Asi, pues, la guerra á muerte fué el grandioso pensamiento
que habia de dar á Venezuela su deseada independencia. Antes de imprimir
á su resolucion un carácter solemne, se limitó por el momento á publicar
una proclama, fecha el 8 de Junio, en la cual lanzaba á los enemigos la
amenaza de una guerra de exterminio si ellos seguian usando con los
prisioneros el mismo rigor que hasta entonces. Y luego marchó sobre
Trujillo, donde entró Giraldot sin encontrar la menor resistencia.

Menos de un mes bastó á Bolívar para conquistar dos provincias
venezolanas, libertando por una serie no interrumpida de triunfos el
extenso pais que media entre Tenerife y Trujillo, desde cuyo último
punto, el 15 de Julio, anunció á la república la solemne resolucion que
desde aquel dia adoptaba, declarando la guerra á muerte á los enemigos
armados contra la patria
. “Españoles y canarios, decia en su
manifiesto; contad con la muerte aun siendo indiferentes, si no obrais
activamente en favor de la libertad de la América. Americanos, contad
con la vida aun cuando seais culpables.”

Al siguiente dia, al pié de la cordillera que separa la comarca de
Niquitao de las llanuras de Varinas, en el punto llamado las Mesitas,
los oficiales Urdaneta y Ribas atacaban con 550 hombres á un cuerpo de
realistas compuesto de 800 soldados, venciéndolos tras un reñido combate
que duró desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde. Unos
450 prisioneros y todas las armas de los realistas quedaron en poder de
los vencedores.

A esta victoria siguió la de los Horcones, nombre del territorio en que
Ribas volvió á derrotar á los españoles y está situado entre el Tocuyo y
la ciudad de Barquisimeto. Por fin, desbaratando aqui y alli cuantos
obstáculos se oponian á su paso, el 7 de Agosto Simon Bolívar hacia su
entrada triunfal en Carácas, victoreado por un pueblo entusiasta y
numeroso que le saludaba con el glorioso nombre de Libertador de
su pais.

CAPITULO V

Situacion del partido independiente,—Consecuencias de la toma de Cumaná
y del fusilamiento de Bernardo Bermudez.—Sitio de Puerto-Cabello.—
Represalias.—Refuerzo de tropas españolas.—Muerte de un valiente
granadino.—Es vengado por sus compatriotas.—Combate de
Mosquitero.—Bolívar es nombrado general en jefe del ejército y titulado
Libertador.—Nuevos triunfos de las armas republicanas.—Sus efectos
sobre Monteverde.—El Libertador da cuenta de sus operaciones al pueblo
de Carácas.—Continuan las victorias.—Fin de varios patriotas
notables.—Rasgo heróico de Ricaurte.—Asedio de Valencia.—La situacion
de los independientes se agrava.—Inútil tentativa.—Batalla de
Carabobo.—Descalabros.—Triste espectáculo de la emigracion.—Bóves se
declara como primer jefe del ejército español.—Sus primeros
actos.—Desgraciado combate de Aragua.—Deliberacion.—Bolívar y Mariño
se embarcan para Margarita.—El depósito sagrado.

Antes de continuar la relacion de los sucesos que siguieron á la
entrada del jefe venezolano en Carácas, preciso es echar una mirada al
estado en que se encontraban los republicanos. Dos facciones distintas
figuraban dentro del partido que se batia por la causa de la
independencia. Una, partidaria de las divisiones provinciales, se
esforzaba por el triunfo del federalismo, en tanto que la otra, aferrada
al principio de la unidad como único medio de fuerza y consistencia,
aspiraba á la concentracion del poder en el gobierno. A la cabeza de
esta, lleno de la mas profunda conviccion, se hallaba Simon Bolívar.
Tal era el estado de los independientes en Venezuela, despues de la
reaccion provocada por los triunfos que sus armas habian obtenido desde
el desembarco de Mariño, á principios de 1813, con los refugiados en
Chacachacare, islote perteneciente al gobierno inglés de Trinidad.

Luego que este valiente margariteño logró apoderarse de Cumaná auxiliado
por un paisano, el coronel Juan Arismendi, primera autoridad militar de
Margarita desde el 5 de Junio, fecha de su última proclamacion en pro de
la independencia, Antoñanzas, herido de gravedad, huyó á morir en
Curazao. Hacia el mismo tiempo, hecho prisionero por los realistas,
Bernardo Bermudez habia sido fusilado por órden de Cervéris; pero
recogido con vida el mismo jefe mandaba asesinarlo en su propio lecho al
tener noticia de la victoria alcanzada por Mariño, quien luego añadió á
este lauro el de la toma de Barcelona.

Este acontecimiento obligó al jefe que defendia la ciudad, el mariscal
de campo Don Juan Manuel Cajigal, á retirarse á Guayana; y entre los
oficiales que lo acompañaron, Francisco Tomás Morales y José Tomás
Bóves, adquirieron despues gran celebridad, lanzándose desde aquel
momento, al frente de una division de caballeria, á recorrer en medio de
mil azares las llanuras de Carácas. Volvamos ahora á seguir á Bolívar en
su expedicion, diciendo antes que Monteverde huyó á encerrarse en
Puerto-Cabello tan luego como supo que aquel, favorecido por su valor,
su génio y la fortuna, se aproximaba á Valencia.

Un año hacia que en los calabozos de Puerto-Cabello gemia prisionero el
valiente Jalon, y Bolívar, tanto por salvarle cuanto por humillar á
Monteverde, puso sitio á la plaza con las tropas de Urdaneta y la
division de Ribas, mandadas por Giraldot. En una de las salidas que los
de la plaza intentaban Zuazola cayó prisionero; y Bolívar propuso
inmediatamente su cange con Jalon, propuesta que fué rechazada por
Monteverde, quien persistia en su conducta de no querer tratar con los
enemigos. Esto y el haber Monteverde fusilado algunos prisioneros,
obligó al jefe venezolano a ordenar que Zuazola pagase sus desmanes
siendo ahorcado al frente de la plaza. Crueles represalias se siguieron
por parte del sitiado.

Unos 1.200 hombres de desembarco, al mando del coronel Salomon,
vinieron en auxilio de Monteverde el l6 de Setiembre, y Bolívar,
levantando el sitio, se dirigió hácia Valencia. Á los pocos dias, el
capitan general salia en persecucion de los sitiadores y destacaba una
fuerza que ocupó el cerro de Bárbula, en el ramal de los montes de
Guataparo; y el 50 del mismo mes las columnas de Giraldot, D’Eluyar y
Urdaneta atacaban la vanguardia española, y trepando la montaña el arma
al brazo ponian en fuga al enemigo, haciéndole gran número de
prisioneros. En esta gloriosa accion el bizarro Giraldot, al tiempo que
plantaba la bandera tricolor sobre la mas fuerte posicion de los
realistas, herido de un balazo cayó para no levantarse mas.

Entonces los soldados granadinos, para vengar la muerte de su heróico
compatriota, pidieron y obtuvieron de Bolívar la formacion de un cuerpo
aparte; y D’Eluyar, á la cabeza de mil valientes, derrotaba á los
españoles en el sitio llamado las Trincheras, coronado por un triunfo
completo, de cuyas resultas, herido en la cara de un balazo, Monteverde
huia á encerrarse en Puerto-Cabello. El sitio de esta plaza quedó
restablecido otra vez y Giraldot vengado al tercer dia de su muerte.

Una semana mas tarde, á 11 de Octubre, el teniente coronel Campo Elias
reunia algunas fuerzas á los mil fusileros con que, conforme á las
ó